Me llama temprano el panadero: “puede recoger su concha mañana entre las nueve (9) de la mañana (am) y las seis (6) de la tarde (pm)”. Yo le pregunto, porque no puedo ir, que qué pasa si no voy, y me dice: “puede recoger su concha mañana. Sólo tiene que pasar y recoger la concha”. Cuelgo el teléfono y maldigo hasta que me arde el estómago. Por una puta concha me arden el estómago y el cerebro. Pues vaya concha, ¿no? Y yo muy concha aquí, nomás, pensando en maneras curiosas de suicidarlos a todos.
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