responsabilidad
Uno tiene que hacerse cargo de sus pensamientos; si no, se convierten en astillas o en espinillas negras en la nuca. Incómodas, asquerosas y dolorosas astillas/espinillas negras que a la hora de dormir, recargadas contra la almohada, te recuerdan que estás lleno de algo para lo que tu voz no tiene el suficiente volumen.
¿Y qué si el sonido de esa voz es húmedo y oscuro? ¿Qué importa si esos pensamientos parecen no tener ni comas ni puntos ni inteligentes saltos de párrafo? Eso no es su defecto: su defecto es que están fuera del campo semántico de lo que de inmediato preocupa. No van de dinero, no van de horarios o de smartphones. Van de viento, de agujeros o de nada. No se les puede exigir la claridad que uno no ha estado dispuesto a darles.
Hay que hacerse cargo de ellos porque si no se pueden convertir en una enfermedad mortal. Lo que no digo es un tumor de silencio indescifrable. Miro hacia mis entrañas y las encuentro vacías, pero es una ilusión: es el abismo del ruido blanco, de esa pus negra que, por demasiada, parece inextinguible.
Eso.
deja un comentario